
Ay, las opciones que brinda un alambre. Fuimos todos pequeños demiurgos por un rato, con las manos llenas de músculos y tendones mágicos, que se doblaban según nuestro parecer. Y parimos caballos y bailarines para decoración. O para ser figurantes de un corto. O simplemente para agilizar las manos. O porque sí. Porque siempre hay algo colgado en nuestra cabeza, que se parece a un tendedero largo y flaco; y un día logramos atraparlo con la yema del dedo gordo y del dedo índice, y va y es una figura hecha con escayola.

Abierta y con retrogusto a paella. Así transcurrió la reunión de Mass Cultura del mes de mayo. Aprovechamos el stand para reunirnos en el meollo literario y para invitar a un par de lectores que se mostraron interesados en ver los entresijos de la revista.
Pero la lista de comensales que el 7 de mayo pasó por la caseta quedaría incompleta sin mencinoar a la señora de Haría que se confesó amante de Lanzarote desde la punta de Papagayo hasta la Punta de Fariones; al caballero alemán que practicó su español (aprendido en un curso de verano en la Universidad de Navarra) preguntando por la problemática de las barreras arquitectónicas de Lanzarote, a una trabajadora social con ganas de más o a un guitarrista en busca de locales donde darle a las cuerdas.
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