
Las tortugas son los manteles que utilizan los buhos para desayunar gusanos cuando llega la medianoche.
Ellas no son tontas. Saben exac-ta-men-te qué sucede en cada retal de su caparazón. Si el buho tira migas, si está de buen humor, si no. Porque nacieron ancianas y crecieron espabiladas.
Un viejo de Aldeaseca (Ávila) le contó a otro de Conil que cuando las tortugas estornudan, se retrasan los relojes. La leyenda dice que son animales terrenales, apegados al núcleo caliente de la Tierra y que, claro, el planeta no es de piedra, y se estremece con el achis de la vieja.
Si se les descuadra el réloj, echen un vistazo a su alrededor.
Creemos que el Gran Circo Mundial que estos días visita Arrecife no trae tortugas que manejen el tiempo. Pero sí ha hecho viajar a un oso en la bodega del avión. Ayer estaba en la calle Real, haciendo gala de su domesticación. Un gorrión extraviado se le quedó mirando con cara de no entender nada. Los niños, que no están acostumbrado si no a ver osos amarillos, y osos de fieltro, y osos animados, y osos salvajes en la tele, tampoco se sabe si entendieron mucho.
Y uno se pregunta qué diría Ramón Gómez de la Serna de todo esto.